No lejos del Río Ebro, tierras pobres que admiten pocos cultivos que no sea la vid, configuran el manto de viñas que se observa desde la Sierra de Cantabria y que conforman la Rioja Alavesa. En sus faldas, Leza, en él nuestra bodega, la mayoría de nuestros pagos y nuestra propia vida.
 

En este enclave privilegiado la familia Laredo obtiene, a través de sus 30 Ha. de viñedo una amplia gama de vinos jóvenes y de guarda, viñas plantadas durante la década de 1940-50 que se encuentran en plenitud, con un equilibrio casi perfecto entre producción y calidad.

 
La nueva bodega, construida con el nuevo siglo, es el resumen de cuantos procesos tecnológicos han llegado en los últimos tiempos al mundo del vino.
Unas instalaciones modernas capaces de albergar 400.000 kgs. de uva y 2.500 barricas para la crianza, pero que dejan un amplio espacio para que los veinte siglos que estas gentes llevan exprimiendo la uva tengan cabida en forma de tradición y respeto a lo heredado.